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Ego and Soul

Al nacer estamos completamente conectados con nuestra esencia. Si queremos llorar, lloramos; si queremos reír, reímos; no pensamos en el pasado ni en el futuro, solo vivimos en el presente. Nuestra mente está virgen, nuestra energía fluye libremente, somos puras emociones, sinceras, naturales, sin condicionamiento alguno.

A medida que crecemos, nuestra mente se va llenando de instrucciones que terminan conformando programaciones; los no puedo, los no llores que los hombres no lloran, las guerras, las competencias por el poder, que el amor duele, que la vida es difícil… Nos empezamos a fragmentar; que River o Boca, que liberal o conservador, que argentino o extranjero, que católico o musulmán… Todo esto nos empieza a LIMITAR, empezamos a construir muros para que no nos lastimen, y la energía ya no fluye libremente sino por donde puede.

Andamos por la vida creyendo que somos seres limitados y aislados, y esa creencia nos hace serlo.

Cuando empezamos a mirar en nuestro interior, nos damos cuenta que hay algo que fluye, pero nuestros patrones mentales y nuestras corazas son como diques que cortan ese fluir; tomamos consciencia que fuimos nosotros mismos quienes creamos esas programaciones.

Los pensamientos positivos, la empatía y amor hacia los demás, y principalmente hacia nosotros mismos, hará que esos muros cedan. Y es en ese momento cuando el niño que fuimos y el adulto que somos se convierten en uno, es cuando volvemos a creer en las cosas que realmente merecen ser creídas.